Más reflexiones sobre docencia universitaria

En 2011 cuando tomé a mi cargo la materia Elementos de Ingeniería de software en UNQ tuve que decidir cómo estructurar las clases de la materia. Por reglamento la materia tenía (y tiene) una carga horaria de 6 horas semanales de clase. Hasta ese momento la materia se dictaba en dos clases semanales, si mal no recuerdo una clase de 2 horas y otra de 4. Luego de una charla con las autoridades mis opciones eran:

  • Mantener un esquema de 2 clases semanales, ya sea de una de 2 y otra de 4 o un esquema más tradicional de 2 clases de 3 horas cada una.
  •  Cambiar a un esquema “maratónico” de una sola clase semanal de 6 horas

Una vez más el dilema: ¿comodidad del docente o “mejor aprendizaje” de los alumnos?  Quien me conoce sabe claramente que elegí la primer opción: dos clases semanales de 3 horas cada una. En parte porque dictar una clase de 6 horas me parece insalubre tanto para los alumnos como para el docente. Por otro lado estoy convencido que el aprendizaje tiene naturalmente una estructura iterativa y en ese sentido el tener más clases permite realizar más iteraciones lo cual representa más ciclos de feedback y por ende más oportunidades de mejora/aprendizaje.

¿y si la materia fuera de 4 horas semanales? Una clase de 4 horas parece bastante razonable. Si, definitivamente es más razonable, pero aún así hubiera elegido dos clases semanales pues el argumento iterativo sigue aplicando en este caso también.

 

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