Todos son ágiles, pero no todos son felices

Los métodos ágiles surgieron en los 90′ y su “nacimiento formal” se ubica usualmente en 2001 con la firma del manifiesto.

Hacia 2010 Forrester ya decretaba Agile como mainstream.

Hoy, 2021, creo que “todos son ágiles” o al menos dicen serlo. Claro está que del dicho al hecho hay un gran trecho.

En los años que llevo trabajando como facilitador he visto situaciones de las más variadas respecto de la adopción de Agile a nivel equipos de desarrollo pero que en términos muy simplificados podrían clasificarse en dos grandes grupos: 1) Equipos que llegan a agile desde “el desorden” y 2) Equipos que llegan a agile desde un proceso definido, no-agile, generalmente controlado, secuencial o “iterativo “laxoo”(iteraciones de duración variable, típicamente no time-boxes, etc.)

En el caso de los equipos que provienen del desorden, generalmente optan por agile (y particulamente por Scrum) sin mayor cuestionamiento. Como que simplemente siguen al rebaño. Esto obviamente trae sus riesgos ya que en más de un caso los equipos no cuentan con los requisitos mínimos para aplicar agile de forma eficaz (usuario/PO muy involucrado, developers capaces de auto-organizarse, etc). Según he visto, en muchos casos esto resulta en equipos que dicen practicar agile pero que en la práctica terminando haciendo ScrumBut y/o Flaccid Scrum. Obviamente esto les impide alcanzar todos los beneficios que generalmente se esperan de un equipo usando agile, pero a pesar de eso puede que el equipo termine trabajando de una forma mejor que lo era su situación previa trabajando en el total desorden.

El caso de los equipos que llegan a agile desde un proceso no-agile pero definido, controlado y generalmente secuencial es menos frecuente en mi experiencia. En los casos de este tipo con los que me he cruzado mi sensación es que logran una implementación más sólida de agile, ya que generalmente cuentan con cierto orden y capacidades que les permiten gradualmente incorporar distintas prácticas de agile.

Esta situación de que “todos son ágiles” me ha llevado personalmente a intentar evitar el término agile para definir una forma de trabajo. En general prefiero hablar en términos de prácticas pues me parece que resulta mucho más concretro que hablar de “Agile en abstracto” o “Scrum by the book”.

Desde hace ya un par de años me hace más sentido hablar de prácticas y performance de delivery que de Agile o Scrum. En este sentido me resulta mucho más significativo que un equipo me diga que su lead time es de 1 semana a que me diga que hace Scrum.

En fin, resumiendo: hoy en día todos dicen ser Agiles, pero en la práctica no todos lo son en verdad. Muchos practican agile con un grado tal de ineficacia que su “agilidad” bien podría debatirse. Esto me lleva a reforzar el fondo de la cuestión (al menos desde mi perspectiva): la cuestión no es si agile o no, la cuestión es cuan buenos(y felices) somos entregando valor independientemente de la forma en que lo hagamos. Personalmente hoy creo que para muchos contextos tiene más sentido analizar la entrega de valor desde un perspectiva Lean que desde una perspectiva Agile.

Nota: Lean y Agile no son lo mismo, son dos marcos diferentes, con mucha afinidad, pero distintos. Diferencias y similitudes de estos marcos serán tema de otro artículo.

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