El hecho de aportar algún valor a otra persona genera cierta satisfacción a quien hace el aporte. La docencia tiene algo de eso. Pero quien recibe el aporte no siempre percibe el valor. Mas aún, el hecho de que docente transmita no implica que el estudiante reciba. Creo que por esto es que cuando, como docentes, logramos confirmar que el estudiante entendió sentimos cierta satisfacción.
La semana pasada mis alumnos de FUIBA tenían que entregar una solución a un ejercicio que les planteamos. Como de costumbre, una vez publicada la consigna del ejercicio comenzamos a recibir consultas de los alumnos. Muchas de ellas relacionadas a cuestiones funcionales y algunas otras relacionadas a problemas bloqueantes de las herramientas. Pero un alumno envió una consulta sobre una cuestión de diseño que no resultaba bloqueante y que de hecho estaba fuera del alcance del ejercicio. Era una cuestión en un punto «avanzada» y que demostraba que el alumno había entendido lo que yo había intentado transmitir.
Mientas leía el mail del alumno, junto a la sorpresa, me asaltó una sensación de satisfacción: el alumno no solo había entendido una cuestión que habíamos hablado en la última clase y sino que además había ido un poco más allá investigando por su cuenta.
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